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¡LA VISA AMERICANA ES UNA SUERTE!

Por: J. Gustavo Castañon C. Artículo publicado en Periódico Mirador el 25 de marzo del 2019

Zacatecas, Zac.- Quién no ha escuchado esta frase al pedir un consejo, ya sea a un familiar, un amigo o un vecino, en el momento que se tiene el interés de tramitar la visa americana. – Usted no se preocupe. Eso de la visa es pura suerte. – Parecen haberse puesto de acuerdo al tratar de orientarnos.

En los últimos tres años hemos podido impartir un Taller mensual gratuito sobre procesos migratorios en diferentes municipios de Zacatecas donde nos han invitado. Eso nos deja en 36 talleres con un promedio de asistencia de 40 familias por taller.

Durante estos Talleres, abiertos a la población en general, cuando llegamos al punto del trámite de la visa americana es realmente impresionante darnos cuenta del elevado número de gente que considera que la calificación de visa es una suerte.

Fácilmente, el 80 por ciento de los asistentes levantan la mano ante la pregunta de si creen que la adjudicación de este documento depende más de un factor de fortuna que de un perfil determinado del solicitante.

Algunos arguyen que basan su juicio en la certeza de que conocen al primo de un amigo, alias el “yuyo”, quién la tramitó un par de semanas atrás y que a pesar de ya haber estado indocumentado en Texas, de no tener estudios ni nada por que regresar a México, el oficial consular le autorizó la visa sin problemas.

Del mismo modo, otros manifiestan conocer a un maestro, arquitecto, ingeniero o abogado que en la entrevista le negaron este documento. Sin razón aparente. Comentan con sorpresa: – Se la negaron con todo y su “título profesional”. Con todo y su salario. Con todo y su traje-

Ante estos argumentos, si que resulta complejo convencer a la audiencia de que son ejemplos que constituyen una excepción más no la regla. Tan sólo imaginar al oficial consular con una moneda de un cuarto de dólar en su diestra y empleando este método en las entrevistas para decidir a quién sí o a quién no autorizar la visa es surrealista.

Cierto es que todos conocemos a ese “yuyo” que deambula con visa por las calles de la ciudad, como cierto es que todos conocemos al “abogado” desventurado a quien le tocó la de malas y al que el “volado” decidió su negación.

Es entonces que apelamos a los números, total, “las matemáticas son el lenguaje en que Dios escribió el universo” decía Galileo Galilei. Las estadísticas son claras y necesarias para explicar nuestro punto. Verdad es que no hay sistema de migración infalible. Verdad es, que a pesar de todo, la suerte emerge como la mejor explicación para entender ciertas decisiones que a los ojos del simple solicitante parecen ilógicas.

Pero al final, los números cuadran. Si usted fuera un oficial consular ¿a cuál, de los siguientes dos casos hipotéticos, le autorizaría la visa? Por un lado tiene a una familia cuyo padre es trabajador de la Comisión Federal de Electricidad del Gobierno Federal desde hace 30 años, no cuenta antecedentes negativos en los Estados Unidos. Su esposa es docente con 26 años de antigüedad. Su hijo mayor, estudiante de Medicina a un año de egresar. El menor de sus hijos es estudiante de licenciatura en Leyes. Van de vacaciones con un hermano de la maestra, ciudadano americano.

Por otro lado, una joven dama de 22 años de edad, quien abandonó la escuela en el segundo semestre de preparatoria. Presenta en la cita consular dos pequeños hijos de 4 y 2 años de edad. Se dedica al hogar y su esposo se encuentra en EU de manera indocumentada, al cual intentará ocultar diciendo que están separados. No cuenta con seguro social y vive con sus suegros.

Nada está escrito. Todo puede suceder. Pero las estadísticas son claras. Las secciones de la Ley de Inmigración son claras. Es a discreción de cada oficial consular, cierto. Pero ¿Cuántas veces un oficial consular podrá equivocarse?

El famoso ¡La visa es una suerte! Podría no ser nuestro mejor aliado al momento de tramitar una visa. Dejar en esta frase nuestras esperanzas podría ser contraproducentes. Tanta ilusión y dinero depositados en estas palabras, podría ser demasiado riesgo. Sobre todo, si nuestra intención es ver familia después de tantos años, abrazar hijos o nietos.

La información es una gran herramienta. La educación migrante es un derecho que nos permite, al final, una decisión meditada y una preparación a conciencia. Dejemos en aquella frase bíblica un extraordinario resumen de este debate. Al César lo que es del César .. A Dios lo que es de Dios.

Artículo escrito y publicado en blog del Centro de Apoyo marzo 2019

Artículo publicado en Periódico Mirador el 11 de marzo 2019

TRES HISTORIAS DE MIGRANTES

Por: J. G. Castañón C.

TRES HISTORIAS DE MIGRANTES
Por: J. G. Castañón C.

Tres breves historias que de manera paulatina conforman una misma realidad. Quizás pareciesen distantes, pero conforman tres momentos cruciales, desde nuestro punto de vista, en el fenómeno de la migración en Zacatecas.

Kevin estudia en el EMSAD (Educación Media Superior Abierta y a Distancia), una modalidad que permite a chicos estudiar en localidades apartadas y de pocos habitantes. Justo esta definición es el anatema de muchos Kevin. Como es común en estas localidades, Kevin comparte una familia singular. Su padre se encuentra en Michigan desde hace 6 años. Cruzó en el tercer intento por Piedras Negras, Coahuila, obviamente de indocumentado. Desde entonces su madre asumió el rol de ambos. El dinero que envía eventualmente su padre no es suficiente, los minutos y whatsapp que manda, a modo de comunicación, son aún menos suficientes para suplir y llenar un vacío semejante en el núcleo familiar. Kevin quiere irse a Estados Unidos, por el monte o el río o brincando cualquier muro, sus actitudes así lo manifiestan. Sus calificaciones son un presagio de esta decisión.

Don Pedrito tiene 76 años, es viudo y su único anhelo es ver a Ramón, Lucrecia y Juan, sus hijos. Años ya sin memoria han pasado desde que el último de ellos se fue a la Unión Americana. Uno en Santa Fe, Nuevo México; otro en Denver, Colorado y la última en Fort Worth, Texas. Don Pedrito va en una camionetita de marca Nissan, apretado por una señora a su diestra y un joven a su siniestra. Listos van para Monterrey, tienen cita programada para su trámite de visa. Todos llevan en sus brazos una bolsita de red con sus papeles. A Don Pedrito le dijeron que la visa era segura, que todo estaba arreglado. A él le duelen los veinte mil pesos que sus hijos juntaron para este trámite. La duda lo asalta. La “licenciada” a la que dió el dinero ni siquiera la ha visto desde entonces. Este es su tercer intento. Muchos lazos en los Estados Unidos…Tu tener muchos hijos indocumentados en mi país – Le han dicho los oficiales consulares en sus otros procesos.

María es Residente Legal Permanente de Estados Unidos desde hace 2 años. La obtuvo por matrimonio con ciudadano americano. Pero hoy está en su terruño y camina por la calle donde vive su madre en el centro de Ojocaliente, Zac., ve tierra y basura apilada en los postes de luz, ve banquetas derrumbadas por el tiempo y la apatía. La oscuridad que propicia el alumbrado obsoleto es cómplice de pequeños grupos de borrachos y posibles delincuentes. Quisiera hacer algo, quisiera ayudar, quisiera confiar en sus vecinos a los que les ha pedido que se unan y obvio en sus autoridades, a las que vía facebook envía mensajes de atentas peticiones. Se imagina a su mamá caminando por una calle pavimentada, limpia y segura. Ella no es rica, pero su esfuerzo se ha traducido en ser dueña de un pequeño negocio de limpieza de casas en Santa Ana, California.

Prevención, Atención, Integración. Las palabras y las acciones que podemos engranar para atender ese perfil binacional con el que convivimos día a día. Nadie tiene una respuesta total a un total problema. Quizá se construye ésta con cada una de las ideas, propuestas, sugerencias o esfuerzos.

¿Cómo prevenimos para que nuestros Kevin no siembren la semilla de irse, de emigrar?

¿Cómo atendemos y orientamos a nuestros Pedritos para que sus procesos sean más seguros y humanos?

¿Cómo integramos a nuestras Marías a un círculo virtuoso de aquellos migrantes que quieren apoyar a la comunidad?

PARTE I…

¡DEME MI VISA POR FAVOR!

Por: J. G. Castañón

Así imploraba con voz de lamento, con lágrimas de impotencia alguna señora cuyo nombre, origen o domicilio desconozco. Sólo repito lo que en las pláticas afuera del Consulado de Monterrey se hablaba. Unas mujeres de felicidad inocultable por la visa conseguida, conversaban sobre ese evento triste que acababan de presenciar dentro del edificio perteneciente al gobierno estadounidense. – Una señora de edad avanzada, yo diría de 70 años o más – describía una – con ropas como de viuda-  decía otra, le pedía al Oficinal Consular que no le negara la visa, que tenía que ver a sus hijos. – Por favor señorita – y se enjugaba las lágrimas – no me niegue la visa, quiero ver a mis hijos. Necesito verlos, no me niegue mi visa – Llanto que no veía fruto alguno a pesar de la buena voluntad de su interlocutora que parecía entender la causa de su tristeza e incluso solidarizarse, pero era irrevocable su decisión de aplicar la ley.

                Dicha señora no tenía a nadie en México ya, no tenía esposo, no tenía hijos, no tenía nietos y dependía económicamente de su familia en Estados Unidos. Pero no tenía hijos con estatus legal, ese era precisamente el punto medular de su necesidad de visa. Ellos no podían salir de la Unión Americana por su condición, así que el único vínculo posible era ese documento que los reunificaría. Pero no fue así.                

                La plática de esas mujeres se desarrolló en un contexto de entendimiento mutuo por el perfil binacional compartido. Una de ellas decía tener 12 años sin ver a un hijo en Michigan, la otra ya había sufrido en calvario de 3 negaciones previas de la visa. Bajaban la mirada en apoyo moral de aquella viejecita que entre sollozos abandonó el Consulado con la desdicha de la frustación. Con la desazón del hecho de continuar lejos de los abrazos de sus muchachos, de sus nietos. Esperar parecían decir sus pasos, esperar lo suficiente en la esperanza que la vida no se fuera en un soplo. Para la otra quizá, cuando la herida sane de aquel rotundo No te puedo dar tu visa

Artículo publicado en Periódico Mirador 2015

LA ASISTENCIA SOCIAL MIGRANTE

Por: J. G. Castañón

El artículo 5º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos garantiza la libertad de ejercer el trabajo, industria, comercio o profesión que mejor nos acomode, siendo lícitos.  Nadie puede ser obligado a prestar trabajo personal sin una justa retribución y sin su pleno consentimiento. Así, entiendo que brindar un trabajo o un esfuerzo personal, de manera gratuita por una causa previa y plenamente consentida, es una libertad que puede ejercer cada uno de nosotros.

                Hemos visto, en el caso de la causa migrante, cómo existen grandes seres humanos al servicio del Estado, desde el cual entregan su trabajo a través de programas diseñados bajo políticas gubernamentales. Digno éste sin duda y enmarcado en el pleno ejercicio de su garantía constitucional de la justa retribución. Misma que emana del erario público al que contribuimos como mexicanos. Que nos pertenece.

                Hemos visto también, otro grupo significativo de particulares que, en la causa migrante, han encontrado el ejercicio de su trabajo o profesión y desde la cual perciben sus ingresos y remuneraciones, en muchos casos no asequibles a la población que los requiere.

                De menor número aún, se encuentran aquellas personas que brindan ese trabajo de manera gratuita desde su trinchera civil a favor de la causa migrante. Esto no desmerece el empeño de los anteriores, pero si se vislumbran como necesarios para lograr un equilibrio y para que se de la suma de esfuerzos, tanto con gobierno como con la sociedad civil, en pro de alcanzar las metas e ideales más añorados en la integración de ese fenómeno social llamado migración.

                Entendido está que dependiendo de la situación, la causa migrante no respeta horarios, ni jornadas laborales establecidos por los servicios burocráticos. En otros tantos casos, el migrante o su familia no cuenta con recursos suficientes para ser atendido por un profesional privado. El encontrar la puerta de la oficina de gobierno cerrada por no ser horario o día hábil de atención ó la negativa de recepción de algún caso por no cubrir los honorarios requeridos es el comienzo de un peregrinar en solitario tanto del migrante como de su familia.

                Es aquí donde la asistencia social migrante puede generar espacios propios para la atención alterna de este grupo social. La asistencia social tiene la grande ventaja de no desfallecer ante un “no hay recursos”; ante “no hay personal”; ante un “lo siento no alcanza a cubrir los honorarios”. Puesto que su trabajo no es oneroso y entiende justa retribución en un sentido subjetivo. Se ve retribuida con la simple idea de haber cumplido con su sentir patriota, con su sentir humano.

               Y al no buscar más ganancia que el deber cumplido, es posible que le sea más claro identificar la diferencia entre asistir como el principio de un proceso constructivo y el ser paternalista como un concepto estático y hasta manipulador. Asistir para que el otro subsane su necesidad, para que emprenda, para que solucione.

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