¡Deme mi visa por favor!

Así imploraba con voz de lamento, con lágrimas de impotencia alguna señora cuyo nombre, origen o domicilio desconozco. Sólo repito lo que en las pláticas afuera del Consulado de Monterrey se hablaba. Unas mujeres de felicidad inocultable por la visa conseguida, conversaban sobre ese evento triste que acababan de presenciar dentro del edificio perteneciente al gobierno estadounidense. – Una señora de edad avanzada, yo diría de 70 años o más – describía una – con ropas como de viuda-  decía otra, le pedía al Oficinal Consular que no le negara la visa, que tenía que ver a sus hijos. – Por favor señorita – y se enjugaba las lágrimas – no me niegue la visa, quiero ver a mis hijos. Necesito verlos, no me niegue mi visa – Llanto que no veía fruto alguno a pesar de la buena voluntad de su interlocutora que parecía entender la causa de su tristeza e incluso solidarizarse, pero era irrevocable su decisión de aplicar la ley.

                Dicha señora no tenía a nadie en México ya, no tenía esposo, no tenía hijos, no tenía nietos y dependía económicamente de su familia en Estados Unidos. Pero no tenía hijos con estatus legal, ese era precisamente el punto medular de su necesidad de visa. Ellos no podían salir de la Unión Americana por su condición, así que el único vínculo posible era ese documento que los reunificaría. Pero no fue así.

                La plática de esas mujeres se desarrolló en un contexto de entendimiento mutuo por el perfil binacional compartido. Una de ellas decía tener 12 años sin ver a un hijo en Michigan, la otra ya había sufrido en calvario de 3 negaciones previas de la visa. Bajaban la mirada en apoyo moral de aquella viejecita que entre sollozos abandonó el Consulado con la desdicha de la frustación. Con la desazón del hecho de continuar lejos de los abrazos de sus muchachos, de sus nietos. Esperar parecían decir sus pasos, esperar lo suficiente en la esperanza que la vida no se fuera en un soplo. Para la otra quizá, cuando la herida sane de aquel rotundo No te puedo dar tu visa.

Por: J. Gustavo Castañón C. 18 de noviembre 2019

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